
Casa millonaria y pleitos marcan despedida de Noroña en el Senado
La compra de una casa millonaria en Tepoztlán, las acusaciones de incongruencia y los pleitos en el Senado marcaron los últimos días de Fernández Noroña al frente de la Cámara Alta.
Ciudad de México. Los últimos días de Gerardo Fernández Noroña como presidente del Senado han estado marcados por un cóctel de polémicas, confrontaciones y un escándalo patrimonial que cimbró la narrativa de austeridad de su partido.
El detonante fue la revelación de una casa en Tepoztlán valuada en alrededor de 12 millones de pesos, junto con la compra de una camioneta de lujo. En un movimiento inesperado, Noroña no negó ni matizó la noticia: respondió con la frase que se volvió estigma —“Yo no tengo obligación personal de ser austero”—. Con ello abrió la puerta a cuestionamientos sobre su congruencia política y alimentó la imagen de un líder más cercano al confort que al sacrificio que predica su movimiento.
Mientras la polémica crecía, Noroña se mantuvo fiel a su estilo confrontativo. Desde la tribuna y las redes sociales lanzó insultos a diplomáticos, descalificó posturas oficiales y agitó aguas dentro de su propio partido al advertir que la verdadera oposición podría nacer de Morena. Estas salidas de tono provocaron incomodidad en la dirigencia y obligaron a la propia presidenta a subrayar públicamente la unidad del movimiento.
El ambiente terminó de estallar en la Comisión Permanente, cuando Noroña y Alejandro “Alito” Moreno pasaron de los insultos a los empujones. El líder priista encaró a Noroña en plena sesión y lo empujó frente a legisladores y reporteros. En la trifulca un camarógrafo del equipo de Noroña resultó derribado y la escena se convirtió en espectáculo nacional.
Horas más tarde, el Ministerio Público acudió al Senado para recibir la denuncia de Noroña contra Moreno por lesiones y amenazas. El gesto fue criticado como un “privilegio legislativo” que contrastaba con la realidad de millones de ciudadanos que deben formarse en agencias ministeriales para denunciar.
Así, entre la sombra de una casa millonaria en Tepoztlán, pleitos verbales con opositores, insultos diplomáticos y un altercado físico en el pleno, Noroña cerró su gestión como presidente del Senado. Lo hace como entró: en medio de reflectores, polémica y confrontación, dejando tras de sí la duda de si su estilo beligerante es una fuerza para Morena o un lastre que erosiona la congruencia de la llamada Cuarta Transformación.



