Morir de sarampión en 2026 es una tragedia.

Por Yohali Reséndiz

Morir de sarampión en 2026 es una tragedia. Un fracaso colectivo pues el sarampión no es una enfermedad nueva, misteriosa ni incurable. Es un virus conocido, prevenible y controlado desde hace décadas mediante una de las herramientas más efectivas de la medicina moderna: la vacunación.

Y aún así, México cerró 2025 como el país con más casos de sarampión en todo el continente americano. Cientos de contagios. Un retroceso que no debería ser posible en un país que alguna vez fue ejemplo regional en salud pública.

El dato es brutal porque desnuda una verdad incómoda: el problema no es el virus, sino lo que se dejó de hacer.

Las campañas de vacunación sistemáticas fueron insuficientes, se rompieron cadenas de suministro, se normalizó la falta de biológicos.

Y a pesar de que sabemos que las vacunas no son opcionales sino prescindibles. Dejamos de exigir y aquí el resultado: el sarampión regresó con fuerza.

Quien muere por sarampión no morirá por fiebre o erupciones.
Morirá por neumonía, por encefalitis, por el sistema de salud que casi siempre llega tarde. Matará a niñas y niños no vacunados, a personas inmunodeprimidas, a comunidades donde la prevención dejó de ser prioridad. Cada muerte por sarampión debió ser evitable.

Lo más grave no es el número de casos, sino la normalización del desastre. Se habla de brotes como si fueran fenómenos naturales, inevitables, cuando en realidad son síntomas de decisiones políticas, administrativas y culturales. No es una epidemia espontánea: es consecuencia.

Este brote revela otra vez lo que ya conocemos: la desigualdad profunda. El sarampión golpea con más fuerza donde hay menos acceso a servicios de salud, donde la información no llega o llega distorsionada, donde la vacuna no está disponible o no se aplicó a tiempo. La enfermedad encontró grietas y entró. Siempre lo hace.

La pregunta no es cómo volvió el sarampión. La pregunta es por qué lo dejamos volver. Qué tan debilitadas están nuestras instituciones sanitarias y qué tan caro estamos pagando el abandono de la prevención.

Contagiarse de sarampión en 2026 no debería estar ocurriendo y esto es una advertencia y un espejo incómodo: cuando la salud pública se descuida, el pasado regresa, pero lo hace cobrando vidas.

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